Francia: La herida de Zidane y su cicatriz con Ribéry

Hoy debuta Francia en la Eurocopa. Para los galos, será el primer partido de la era post-Zidane en una fase final. 'Zizou' fue el encargado de abrir las puertas al olimpo de las más grandes selecciones mundiales a los ‘bleus’. Con su marcha, la selección sufrió una importante herida que confía en poder cicatrizar con Franck Ribéry, un hombre que sin llegar a la excelencia de Zidane, atesora tanta calidad que permite perpetuar en torno a su figura el carácter ganador labrado por la generación anterior. Ribéry combina mucha clase tanto en el control como en la conducción del balón. Sin ser un extremo, el futbolista del Bayern de Múnich encuentra en las bandas su espacio favorito desde donde partir hacia el centro mediante rápidas diagonales. No es un ‘10’ al uso, ya que carece de la visión de juego necesaria para ser el catalizador del equipo, pero ese defecto lo suple con otras virtudes como el regate, el disparo, la verticalidad o una gran potencia en la arrancada. Aunque el que probablemente sea el principal activo de este futbolista sea su carácter. Criado en los suburbios de Boulougne-sur-Mer, Ribery tuvo que enfrentarse desde pequeño a un ambiente hostil que forjó en él una fuerte personalidad. Más si cabe cuando a los dos años sufrió un grave accidente de tráfico que le dejó marcada la cara de por vida. Lejos de haber supuesto un problema, la cicatriz simboliza buena parte de lo que es este jugador. La herida le hizo más fuerte desde muy niño y hoy se le conoce con el sobrenombre de ‘Scarface’ (cara-marcada).

Su caso resulta similar al del argentino del Manchester United Carlos Tévez, que siendo un bebé y mientras gateaba por su casa, tiró un cazo con agua hirviendo sobre su cuerpo. Las marcas que le dejó el percance aún pueden verse en el cuello del ‘Apache’. Pese a que el Boca Juniors, club en el que se formó como futbolista, le ofreció costearle una operación de cirugía plástica para borrar las cicatrices, Tévez se negó a someterse a ninguna intervención al saber que eso le tendría al menos medio año sin poder jugar al fútbol. Más allá de las cicatrices y de sus grandes cualidades técnicas, lo que une a Ribery y Tévez es su hambre por el fútbol. Volviendo al francés, en él parece que recae la responsabilidad de liderar el cambio generacional que mantenga el nivel logrado por los Zidane, Henry o Trezeguet en los últimos torneos. Él ya sabe lo que es jugar un mundial a buen nivel (el de Alemania 2006), y eso le otorga ciertos galones a la hora de comandar al resto de prometedoras figuras galas como Benzema o Nasri. La primera gran prueba para ellos empieza hoy.