20 de 2011 (canciones extranjeras)

1.- PJ Harvey: In The Dark Places.

Aparecido a comienzos de año, a 2011 le sobraron 11 meses para encontrar el que, probablemente, fuera el mejor disco del año. Una Polly Jean menos rockera pero más profunda que crea inquietantes atmósferas con el tema de la guerra como principal referente.

2.- The Black Keys: Lonely Boy.

La mezcla de soul y rock alcanza su culmen con unas potentes guitarras con efectos tan enérgicos como bailables.

3.- Miles Kane: Come Closer.

El Neo-noir no es solo cosa del cine. Miles Kane se pone a la altura de su colega Alex Turner (Arctic Monkeys) pero con una apuesta retro que recuerda al rock británico clásico de los sesenta.

4.- Foster The People: Pumped Up Kicks.

Sonidos juguetones y voz sintetizada en una propuesta mucho menos liviana de lo que puede parecer en una primera escucha.

5.- The Vaccines: If You Wanna.

Éxito instantáneo gracias a un estribillo repetitivo que reúne todos los requisitos de un buen tema de pop-rock.

6.- The Strokes: Undercover of Darkness.

De lo poco rescatable del último y mediocre disco de los de Julian Casablancas, esta canción mantiene las señas de identidad del sonido de los mejores Strokes.


Homenajear a los 80 no es hacer música como se hacía en esa década. Es saber fusionar la esencia de aquellos tiempo con el sonido actual, y Anthony Gonzalez lo logra usando desde toques electrónicos hasta saxos desaforados.

8.- Florence + The Machine: What The Water Gave Me.

Resueltas de un plumazo las dudas sobre si Florence se iba a quedar en un "One Hit Wonder", su segundo disco tiene grandes temas como este, llenos de épica euforizante.

9.- Foo Fighterss: Walk.

No agotan la fórmula que les convirtió en una de las bandas más enérgicas del mundo. Rock potente sin descuidar las melodías y, en los videoclips, el sentido del humor.

10.- Patrick Wolf: The City.

La línea que separa la música alegre y positiva de lo hortera es muy fina, pero Patrick Wolf permanece en el lado de lo exitoso.

11.- The Wombats: Jump Into The Fog.

Descaro contenido  para una banda que parece haberse estancado pero que sigue creando grandes canciones.

12.- Lana del Rey: Video Games.

Lana Rey ofrece un toque suave y dulce que la ha servido para encandilar a la crítica especializada (mejor canción de 2011 para el NME).

13.- The Pains Of Being Pure At Heart: Heart In Your Heartbreak.

La moda "Low-Fi" sigue en pie. El minimalismo triunfa a partir de una propuesta sencilla en la que las pretensiones nunca son un lastre.

14.- John Maus: Hey Moon.

Hay canciones que, lejos de explotar, implosionan. Piano, voces de fondo con 'rever' y una cadencia de ritmo plano dan como resultado una pieza tan oscura como favorable a la introspección.

15.- The Horrors: I Can See Through You.

Un rayo de sol en el oscuro planteamiento de The Horrors, a la estela de los Cure más dináminos.

16.- Kakkmaddafakka: Restless.

Indie discotequero de los que se inyectan en el cuerpo y, durante 3 minutos, uno no es capaz de sacarselo de encima más que moviéndose y moviéndose.

17.- Justice: Civilization.

La música electrónica también puede ser profunda y con mensaje sin alterar su caracter dinámico, como vuelven a demostrar Justice.

18.- Clap Your Hands Say Yeah: Maniac.

Pop optimista, pegadizo, de los que arrancan una sonrisa y un constante movimiento de pies.

19.- Fleet Foxes: Helplessness Blues.

Folk country con máxima hermosura, Fleet Foxes se coloca a la estela de los venerados Wilco con un sello propio.


Los otrota virtuosos del ruido nadan ahora entre Queen Of Stone Age y The Smiths. Menos autenticidad pero la misma solvencia.

Playlist de la lista en Spotify.

Premio a la indecencia

Recibo una invitación a la ceremonia de entrega de los Premios de Cultura de la Comunidad de Madrid y de la Medalla Internacional de las Artes. La recibo por correo ordinario, dentro de un sobre y escrita en una ostentosa cartulina de papel satinado, de las buenas.



¡Qué suntuosidad! Está impresa con tonos dorados, como si la tinta utilizada para ello fuera de oro. En ese momento pienso en un texto que leí hace un par de días sobre la presentación de los presupuestos para 2012 en la propia página web de la Comunidad que preside Esperanza Aguirre. En él se destacaba la austeridad como regla básica.




¿Cuánto habrá costado cursar estas invitaciones y, concretamente, la que tenía yo entre mis manos (que ni siquiera va a ser utilizada)? Estoy seguro que desde el poder se me respondería que "una minucia". Si lo hiciera la propia Aguirre me podría decir con su característico estilo castizo que se trata del "chocolate del loro" Y seguramente tendría razón. Para que la invitación no se desaproveche del todo la coloco en el montón de papel para reciclar en vez de tirarla directamente a la basura. Así quizá en una nueva vida su celulosa pueda servir para que acoja la citación a un enfermo en la que se le indique la fecha en que podrá operarse de su dolencia en un hospital público madrileño.

Hoy también leo en el Marca que la Comunidad de Madrid ha concedido a Fernando Alonso el Premio Internacional del Deporte, galardón que no se debe confundir con los Premios Siete Estrellas del Deporte que también da el gobierno regional y que se entregaron el pasado martes 29 de noviembre. Uno es para reconocer la relevancia internacional de los deportistas españoles (aunque lo entregue un órgano madrileño), mientras que los segundos se dedican ensalzar la labor de aquellos que trabajan significativamente en la promoción, el fomento y desarrollo del deporte (así, en general). Imagino que a cada invitado a las galas de entrega de dichas menciones se les enviará una tarjeta como la que he recibido yo. Y lo mismo ocurrirá con otros premios que concede la Comunidad o en actos como la celebración del día de la Constitución, que también se invita con el mismo formato de tarjeta. Al menos en estos últimos no estoy seguro de que se entregue una dotación económica, como sí ocurre con los que concede el Ministerio de Cultura: el hoy fallado premio Cervantes (125.000 €) o el anunciado el martes, el Nacional de las Letras (40.000 €). Mención especial merecen estos Premios Nacionales de Cultura, que son una treintena, (incluyendo la reciente incorporación del de Tauromaquia). Como si el honor de ser distinguido por una institución pública no fuera suficiente, estos premios llevan aparejadas unas dotaciones económicas que oscilan entre los mencionados 40.000 y los 20.000 €, a lo cual hay que sumar los gastos que llevan aparejados en invitaciones, y logística para la entrega (cátering, moquetas, atriles, cartelería, etc.) Realmente en este aspecto los gastos no se limitan a la entrega de premios. Muchos acto públicos de los políticos conllevan este tipo de dispendios. Volviendo a la Comunidad de Madrid basta ver la agenda de la señora Aguirre en su web corporativa (http://www.madrid.org/esperanzaaguirre) para comprobar que lo que no deja de ser una labor propagandística cuesta dinero público:



En este punto recuerdo la actuación esta misma semana de Maruja Ruiz Martos, una mujer galardonada con la medalla de Barcelona por su continua lucha por los derechos de los vecinos de los barrios de la ciudad Condal. Dicha señora acudió a la entrega de su galardón pero no lo recogió. Con la intención de dejar patente su desacuerdo con la política de recortes de la Generalitat Catalana (del mismo partido que el ayuntamiento que la reconocía; CIU) al ser llamada rechazó la medalla y explicó el porqué:

Maruja explicó después en una entrevista en RNE lo sorprendente que resultaba ver cómo la institución que preside Xavier Tías no reparaba para ese acto en un montaje con azafatas, cátering, calefacción para mantener calentito un patio interior.... A Maruja, como a la gran mayoría de la población, le resultaría chocante tal dispendio. Más acostumbrados a verlo estamos los periodistas, que en ruedas de prensa para presentar determinados actos políticos no suele faltar de nada. Por todo ello resulta indignante que se recorte un solo céntimo en sanidad, educación, dependencia o investigación cuando se malgasta un solo céntimo en este tipo de gastos absolutamente superfluos. Si todo es el chocolate del loro, habrá que sacrificar a ese loro, porque con lo bien alimentado que está se podrían paliar muchos problemas

Interés informativo

El triunfo en la final de la Champions ha provocado loas unánimes en la prensa deportiva, internacional, incluida la de Madrid. Hay quien se pregunta si en el caso de que hubiera sido el Madrid el equipo que hubiera levantado el trofeo, el reconocimiento en los periódicos de la Ciudad Condal hubiera sido el mismo. Lo cierto es que no puede saberse a ciencia cierta, pero la experiencia ofrece pistas al respecto. Basta con confrontar las portadas del Mundo Deportivo cuando el Real Madrid ganó la que, hasta el momento, es su última Copa de Europa y la de Marca del  día despues de la 4ª 'orejona' culé.


Mientras que para el rotativo catalán la victoria blanca no mereció el interés principal (dedicándole apenas un sexto de su portada), el periódico editado en Madrid llevó a su tapa del domingo al Barça como tema principal.

El desafío de un amistoso Madrid-Barça

Es posible que a algún ‘enfermo’ cuatro partidos Real Madrid-Barcelona en un un lapso de 18 días le pueda saber a poco. Hay gente que siempre quiere más. Ni siquiera el hecho de que haya asegurados otros dos enfrentamientos en 2011 (los correspondientes a la Supercopa de España, a celebrar en agosto) sacia el hambre de clásico de ciertos aficionados. Agotada la vía de los torneos oficiales, para ellos sería necesario organizar partidos amistosos.
Lo cierto es que, aunque ahora resulta impensable, a lo largo de la historia han habido más de 30 partidos Madrid-Barça en los que no había en juego ningún título nacional o internacional. En esta cifra se incluyen los amistosos que jugaron ambos clubes cuando aún no existía el campeonato de Liga (entre 1906 y 1922), partidos homenaje como el celebrado para honrar a Franco (Antonio, no Francisco, en 1943) o los enfrentamientos en trofeos como el Carranza (1959 y 1968) o la copa del Presidente de la República de Venezuela (1982).

Los últimos duelos no oficiales entre los dos grandes del fútbol español datan de principios de los 90. Concretamente de 1991, y vinieron de la mano de Canal Plus. El que fue el primer canal de televisión de pago de la historia de España daba sus primeros pasos. En su afán por conseguir abonados, uno de sus principales apuestas era el fútbol. Por ello, además de hacerse con los derechos de retransmisión de un partido de Liga cada jornada, también decidió crear el llamado “Desafío Canal +”. El evento consistía en un partido amistoso que enfrentaría al Real Madrid contra el Barcelona y que sólo se podría seguir por televisión a través de las pantallas del canal de PRISA.(aunque luego se extendió a enfrentamientos entre equipos de veteranos y distitas categorías de la cantera de ambos clubes)  En  él se ensayarían nuevas reglas, como la de sólo señalar fueras de juego en el área rival. El resultado de la iniciativa fue discreto (como se puede comprobar echando un ojo a las crónicas de El Mundo Deportivo).


Se celebraron dos partidos entre los equipos "A": el primero el 1 de mayo en el Bernabéu, con victoria blanca por 3-1, y el segundo en el Camp Nou, el 11 de septiembre, que acabó con empate a 1. En ambas ocasiones los estadios se quedaron lejos de ofrecer una buena entrada. Los técnicos, que se quejaron de tener que disputar estos partidos (Cruyff ni siquiera viajó a Madrid,) pusieron en liza unos equipos cargados de suplentes, y los jugadores se tomaron la actividad como un mero entrenamiento. Aunque se diga que cuando juegan entre sí Real Madrid y Barcelona, la pasión que envuelve el choque es tal que resulta imposible para los protagonistas abstraerse de ella, estas dos citas sugieren otra cosa. El hecho de ganar al eterno rival siempre es un plus, pero no tiene ni punto de comparación a la motivación existente cuando está en liza la consecución de un título oficial. Por ello, el primer clásico de esta tanda de cuatro (el partido de Liga que tendrá lugar este sábado en el Bernabéu), es sin duda el menos atractivo, pues pase lo que pase el Barça saldrá de él con medio título en el bolsillo. Pero aún así habrá puntos en juego y, por lo tanto, hasta que las matemáticas no contradigan la fe blanca, un título en disputa. Con la final de la Copa del Rey y la eliminatoria de Champions la cosa irá in crescendo hasta el paroxismo. El 4 de mayo, cuando hayan pasado estos 18 días de clásicos, si alguno se queda con hambre de más y sueña con un amistoso Madrid-Barça que la calme, que se pregunte por qué cuesta tanto acordarse de aquel “Desafío Canal Plus”.

El valor del equilibrio


En este momento Nacho Vegas congrega a un gran número de oyentes seduciendo a adeptos entre su habitual público del mundo indie y rascando cada vez más en el universo del mainstream. No resulta demasiado comercial para los del primero ni demasiado diferente para los del segundo. Así se explica que sea capaz de colgar el cartel de no hay billetes durante dos días consecutivos en la Joy Eslava y atreverse con un tercero en el Teatro Circo Price ante cerca de 1.500 personas. El boca a boca ha hecho cada vez más popular a un artista que evoluciona con los años, desde un discurso intenso, oscuro y dramático hacia composiciones más luminosas y directas. Afortunadamente es Nacho Vegas el autor de su propia evolución. La honestidad artística del asturiano destierra cualquier duda sobre si trata de venderse al dictado de lo comercial pasando de la densidad de canciones de 7 y 8 minutos a temas de 3 o 4 repletos de estribillos coreables. Probablemente esta transición se deba a un cambio en su propio horizonte vital, que parece más limpio de venenos artificiales y de episodios tormentosos. Ahora Nacho Vegas se pasa sus conciertos bebiendo un botellín de agua mineral y concentrado en ejecutar las canciones de la manera más brillante posible. En la terna de actuaciones que acaba de protagonizar en Madrid él y su banda han sonado a la perfección, como si hubieran conectado el CD y le hubieran dado al play. Sonido desnudo, porque escénicamente Nacho Vegas no aporta nada. Es hierático, apenas se mueve del sitio mientras actúa y las interacciones con el auditorio son escasas. Tampoco le preocupa que entre dos canciones hayan 30 segundos de silencio mientras coordina algún detalle con los músicos. Aun a costa de generar ciertas pausas anticlímax, todo el esfuerzo se concentra en la canción. En esta gira predominan las del último disco, La zona sucia, más aptas para el jolgorio popular que las de etapas anteriores. ‘Lo que comen las bruja’, ‘Perplejidad’ o ‘La gran broma final’ y otras composiciones anteriores, como ‘Michi Panero’ o ‘Va a empezar a llover’(que ya dejaban ver hacia dónde se dirigía su carrera) funcionaron muy bien ante la audiencia, a pesar de que la emoción del respetable no encontrara réplica en los causantes. Solo en ‘El mercado de Sonora’, la que cierra el bis, la banda se permite alguna licencia a ritmo de distorsión y final abrupto (tan abrupto que ni siquiera salen a despedirse del público). Han cambiado las canciones, pero no la actitud del gijonés, cuya timidez le impide convertirse en el frontman que algunos de los asistentes a sus conciertos esperan. Mientras que el nuevo público casa mejor con las nuevas canciones, Nacho Vegas parece seguir encontrándose más cómodo con los viejos temas. Cuando toca ‘Hablando de Marlén’ o ‘Canción de Palacio #7’, el artista brilla mientras el público calla a la espera de algún estribillo más que corear. Es lo que tiene andar entre dos espectros tan diferentes. Hasta ahora lo hace con equilibrio, pero resultará difícil que, con el transcurso del tiempo, Nacho Vegas no acabe resultando demasiado comercial para los indies y demasiado diferente parael mainstream.