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Una promoción pornográfica

Mentir para intentar vender más. Esa suele ser la táctica de algunos teatros, que promocionan sus obras anunciando que sólo estarán un determinado tiempo, con la intención de que el espectador compre cuanto antes sus entradas. Sin embargo en la mayoría de las ocasiones se trata de una mera treta, pues el período previsto de permanencia en cartel es mayor del que se avisa.
Un ejemplo de esta práctica lo encontramos con Una relación pornográfica, que actualmente se representa en el teatro Lara de Madrid. En los carteles promocionales y en la web de la sala se anuncia que la obra sólo permanecera sobre el escenario "4 únicas semanas", hasta el 10 de octubre.


Sin embargo, lo cierto es que en la web oficial de venta de entradas del teatro es posible adquirir billetes para funciones hasta el 31 de octubre. Incluso es posible que la obra permanezca en cartel hasta mediados de noviembre.



Mentir para intentar vender más es, sin duda, una promoción pornográfica.

Un apostol convencido del milagro

John Carlin narra con admiración cómo la inteligencia de Mandela y el poder del rugby fueron capaces de hacer realidad la utopía de la concordia en Sudáfrica

Título: EL FACTOR HUMANO
Género: ENSAYO
Autor: JOHN CARLIN
Título original: PLAYING THE ENEMY
Traductora: Mª LUISA RODRÍGUEZ TAPIA
Editorial: SEIX BARRAL
Edición: 2009, BARCELONA
Páginas: 360
Precio: 19 €
ISBN: 978-84-322-0910

El reciente estreno de Invictus, la película dirigida por Clint Eastwood basada en el libro El factor humano, de John Carlin, ha revitalizado el interés por la ya de por sí exitosa obra del periodista inglés. La nueva edición sustituye en su portada la mítica fotografía de Nelson Mandela entregando la copa del mundo de rugby a François Pienaar -capitán de la selección sudafricana- por el cartel del filme. En él se prescinde de todo el simbolismo de aquella escena real a cambio del retrato de los actores Morgan Freeman y Matt Damon en planos diferentes. La decisión, entendible desde el punto de vista de la mercadotecnia, no deja de resultar algo injusta para el libro, ya que éste abarca mucha más historia en sus 360 páginas que lo que han sido capaces de recoger los 133 minutos de cinta. Las diferencias entre ambas visiones recomiendan acercarse primero al texto escrito, ya que éste fue el embrión para la película, aunque lo cierto es que ambos se gestaron de una forma más o menos paralela.

Carlin, columnista hoy del diario El País, vivió en primera persona como corresponsal en Sudáfrica de The Independent entre 1989 y 1995, la parte más importante del proceso por el cual aquel país pasó de ser la mayor vergüenza del planeta por culpa del Apartheid a convertirse en el ejemplo más estimulante de lo que el perdón puede hacer por una sociedad enfrentada. El libro recoge los aspectos más relevantes del intento de Nelson Mandela por llevar a cabo una pacífica transición de poder de la minoría blanca a la mayoría negra con el fin de acabar con la segregación y el odio racial que imperaba en el país. La narración abarca desde 1985, cuando estando aún preso en la cárcel Mandela comenzó las primeras conversaciones con el gobierno, hasta 1995, momento en el que el triunfo de Sudáfrica en la Copa del Mundo del rugby culminó ese proceso con negros y blancos abrazándose por la consecución de un triunfo común. El factor humano, como indica el propio título, pone el acento en las historias personales de los personajes que protagonizaron el proceso y en la relevancia que para su éxito tuvo el rugby, hasta ese momento un deporte símbolo de la hegemonía de los afrikaners blancos que era contemplado con desprecio por la población sometida. Los sucesos de aquellos días resultaron tan pedagógicos e inspiradores que merecían ser narrados más allá de lo que Carlin podía recoger en su actividad periodística diaria. Seix Barral ya publicó en nuestro país una colección de esos artículos bajo el título Heroica tierra cruel, pero la fuerza del relato era tan grande que desbordaba el género periodístico. Carlin comprendió que el acontecimiento era perfecto como argumento para un libro y como guión de una película. Gran amante del deporte, como demuestra su otra obra editada en España, Los ángeles blancos (una serie de entrevistas realizadas a los primeros galácticos del Real Madrid de Florentino), el periodista combinó sus conocimientos de la sociedad sudafricana con su pasión por el rugby para enfrentarse al mayor reto de su vida como escritor: explicar cómo el deporte sirvió de arma política en Sudáfrica en un ensayo que recogiera la grandeza de Mandela y que pudiera ser llevado a la gran pantalla. Desde el comienzo de su gestación el hispano-británico (de madre española y padre escocés) presentó su proyecto a los grandes estudios para que éstos se encargaran de su traslación al cine, encontrando rápidamente el interés de la Warner.


Pese a hablar de lo mismo, la mirada que ofrece la película no puede ser igual que la propuesta en el libro. La diferencia en el enfoque no se debe únicamente a las dispares exigencias que conllevan el lenguaje audiovisual y el literario. John Carlin es, ante todo, un periodista, por lo que su obra está concebida con el afán divulgativo y la estructura dinámica propios del reportaje. Como si de un encuentro de rugby se tratara, el objetivo del El factor humano es el ‘ensayo’, con una tesis bien definida según la cual Mandela supo utilizar a su favor el poder simbólico del deporte para lograr sus fines políticos. Pero si nos alejamos del catálogo estricto de opciones que marca el horizonte de expectativas propio de la literatura, más que como un ensayo, cabría identificar la obra como un reportaje interpretativo propio de aquello que se dio en llamar hace años como “Nuevo Periodismo”. Sin ser ficción la obra contiene la historia propia de una novela de superación colectiva. Lo narrado contiene tal fuerza épica y dramática, que basta por sí solo para construir un relato atractivo -de ahí su versión cinematográfica-. Pero la más importante aportación del autor es acompañar ese relato con una interpretación constante y documentada sobre los hechos y los personajes que lo protagonizan.
El libro habla al lector desde la voz de un narrador omnisciente que, aunque se mantiene ajeno al relato, lo vivió tan de cerca que llega a parecer el autor de un cuento creado por él. Carlin no sólo incluye citas literales de los protagonistas. Su trabajo de documentación, a través del material que recopiló en su época de corresponsal y, sobre todo, mediante la multitud de charlas y entrevistas posteriores que realizó ex profeso para preparar el libro, le permiten erigirse como un adecuado interprete de los pensamientos y emociones de aquellos que jugaron un papel básico en la reconciliación sudafricana, pero también de los que sin ocupar grandes titulares en la prensa del momento, representaron con sus vivencias personales el factor humano del milagro. El libro tiene como hilo argumental las decisiones políticas y sociales que fue tomando Mandela para llevar a cabo una revolución pacífica. En este sentido se ofrecen importantes semblanzas del propio Nelson Mandela, de miembros del gobierno blanco como el presidente P.W. Botha o el ministro de justicia Kobie Coetsee, incluso de jugadores clave del equipo sudafricano de rugby, como su capitán François Pienaar. Pero tan importante resulta ese nivel como el que pertenece a lo que Unamuno llamaría la ‘intrahistoria’, compuesta por aquellos ciudadanos que desde un segundo plano vivieron y participaron en el proceso. Se utiliza un perspectivismo compuesto por casos como los de Christo Brand; carcelero de Nelson Mandela, Morne du Plessis; mánager de la selección sudafricana de rugby; Justice Bekebeke, activista anti-Apartheid condenado a muerte; o Linga Moonsamy, guardaespaldas del presidente Mandela. Sus respectivos aconteceres van salpicando la narración de unos hechos cuyo significado no podría comprenderse con la profundidad debida sin entender las posturas enconadas de quienes sufrieron la opresión y los que la justificaron y perpetuaron por temor a la venganza. Por ello el autor opta por una estructura in media res, comenzando el libro por el día de la final entre Sudáfrica y Nueva Zelanda para, a partir de ahí, ir construyendo un planteamiento de partida en el que la constatación de la dureza de las condiciones que vivió la población negra resulta imprescindible para valorar la importancia del nudo y lo maravilloso de un desenlace basado en la negación de la venganza. Según avanza el libro la narración se asienta en un orden cronológico que ayuda a aumentar el ritmo, especialmente cuando comienza la Copa del Mundo, momento a partir del cual la intensidad emocional vive un continuo crescendo.

El deporte, tan profusamente tratado por la ficción cinematográfica y literaria en su vertiente épica, funcionó en aquella realidad con ese mismo espíritu en un aspecto mucho más trascendente. Carlin acierta a la hora de trasladar la épica a sus páginas incluso a costa de caer en cierta sensiblería. El libro rezuma emotividad en todas sus líneas, primero en forma de sufrimiento, bajo una mezcla de esperanza y terror al fracaso después y finalmente con una explosión de júbilo tras vencer el partido más importante de la historia de Sudáfrica. Pero si algo define El factor humano es su profunda admiración por Mandela, al que presenta como un Maquiavelo celestial, capaz de seducir hasta al enemigo más virulento a través del respeto, la inteligencia y, sobre todo, la bonhomía. No es de extrañar que el propio autor del libro, que tuvo la fortuna de despachar en múltiples ocasiones con el primer presidente negro de la historia del país, también cayera rendido a sus encantos. Eso se nota en el libro, el cuál puede concebirse en extremo como el testimonio que da un apóstol acerca de los milagros logrados por su profeta. Nada se puede reprochar en este sentido a Carlin -pues Nelson Mandela sería merecedor de cuantas hagiografías pudieran escribirse sobre él- pero el afán laudatorio hacia el personaje y la situación provoca ciertos silencios sobre determinados acontecimientos que pudieran empañar la idílica realidad. El más importante, sin duda, es el hecho de que los jugadores de la selección neozelandesa que perdieron la final contra Sudáfrica, encararan el partido con las secuelas que les produjo una intoxicación alimentaria que aún no ha sido aclarada.

Sin embargo estos “olvidos” no restan ni un ápice de interés al libro. El factor humano retrata con apasionamiento la gesta social de un país que, guiado por Mandela, supo convertir la utopía en pragmatismo y el deporte en política. Carlin narra brillantemente la épica de aquellos días con la mirada lisonjera del que aún sigue cegado por la luminosidad del momento. El resultado es un libro que logra conmover al lector presentando los hechos históricos con coherencia y sencillez en un armonioso encaje de las múltiples piezas que compusieron aquel mosaico de vivencias personales. Combinando la emotividad propia de los hechos con una minuciosa documentación, el autor elabora un documento con forma de periodismo novelado y alma de cuento de hadas. Y es que, en definitiva, la concordia en Sudáfrica fue un milagro que tuvo en Nelson Mandela su dios ejecutor y en John Carlin a uno de los apóstoles que mejor lo ha contado.

9 del 09 (canciones extranjeras)

1.- Kasabian. Underdog.
Kasabian lleva la psicodelia de los 60 hacia el siglo XXI con un potente riff de guitarra imborrable.

2.- Animal Collective. Lion in a Coma.
Pop de lo más experimental, casi abstracto, con una variedad de sonidos capaz de crear un ambiente de lo más exótico.

3.- Arctic Monkeys. Crying Lightning.
Los de Sheffield demuestran que apostar por un sonido más oscuro y pausado no tiene por qué significar perder un ápice de magnetismo.

4.- Grizzly Bear. Two Weeks.
Un poco folky, un poco sonido ‘The wonders’... Tan difícil de definir como fácil escuchar.

5.- Gossip. Heavy Cross.
Esto vendría a ser al rock indie lo que ha supuesto para el gran público el I gotta feeling de Black Eyed Peas; un levantador de ánimos.

6.- Them Crocked Vultures. New Fang.
Juntando al líder de Foo Fighters, a la voz de Queens of Stone Age y a un guitarrista de Led Zeppelin tenía que salir algo como esto.

7.- Telekinesis. Coast of Carolina.
Suelo desconfiar de las canciones que me enganchan a la primera escucha, pero esta es una excepción.

8.- Metric. Help I’m Alive.
Pura fantasía aplicada al sonido.

9.- Placebo. For What is Worth.
No podía faltar en la lista uns clásicos que se muestran así de contundentes en este tema.

9 del 09 (canciones españolas)

1.- Love of lesbian. Segundo asalto.
Tanto por el título como por la fuerza de la percusión me recuerda a "Segundo premio" de los Planetas. Energía emocional in crescendo.

2.- L.A. Hands.
Este mallorquín, de nombre Luis Alberto, es la sorpresa del año. Grandes melodías con una voz que recuerda a la de Eddie Vedder, cantante de Pearl Jam.

3.- Sidonie. En mi garganta.
Nunca me gustó Sidonie, pero en poco más de dos minutos cambié mi opinión por culpa de este tema que engancha desde la primera escucha. 

4.- La bien querida. De momento abril.
Si mezclaramos el embrujo de Pastora con la melosidad de Nosoträsh tendríamos esto. Una sonrisa en forma de canción.

5.- The Sunday Drivers. My plan.
Si en lugar de Toledo fueran de Bristol, estarían arrasando por todo el mundo. Aquí se marcan un tema que podrían haber firmado los mismísimos Franz Ferdinand.

6.- Mamut. Amanece en Pekín.
No suele ser habitual encontrar tanta variedad de sonidos tan bien escogidos en un grupo indie español. Pop alegre de patio de colegio capaz de saltar al gran público. 

7.- Pereza. Amelie.
Todo lo bueno de un disco discreto se concentra en esta canción que suena a Calamaro antes incluso de que el gran Andrés comience a cantar.

8.- Delorean. Deli.
El rock para pista de baile 'made in Spain' vive un momento espectacular con grupos como Mendetz, We are standard o los propios Delorean. Este tema lo certifica.

9. Quique González. La luna debajo del brazo.
Es más de los mismo, pero sigue gustando. Quique González es el maestro indicado para poner la nota intimista a esta lista.

Donde vive la imaginación



Los sueños incumplidos producen monstruos. Es algo que le debe ocurrir a todo el mundo (a no ser que seas Pep Guardiola). Por eso es recomendable llevarse bien con ellos. Spike Jonze se adentra en esos sentimientos de frustración y miedo con Donde viven los monstruos, una película tierna y turbadora a partes iguales. Se estrenó el pasado 18 de diciembre, el mismo día que Avatar.
"El cine lo revolucionaron los hermanos Marx, Hitchcock, John Ford, los neorrealistas, los autores de la nouvelle vague... Ninguno era técnico. Eran artistas" decía Javier Ocaña en El País sobre Avatar. La última superproducción de James Cameron está rompiendo la taquilla mundial gracias, "solamente", a su técnica en 3 dimensiones. Nadie destaca la historia que cuenta porque eso parece ser que es lo de menos. Personalmente, a mi hace mucho tiempo que dejaron de impresionarme los efectos especiales (al fin y al cabo, el 3D no es más que otro efecto). No digo que no tenga valor, que lo tiene y mucho, pero ya he asumido que con la informática todo es posible. El asombro, único sentimiento que son capaces de despertar esos recursos, está por lo tanto más que amortizado.
Donde viven los monstruos y Avatar están en las antípodas la una de la otra. En el trabajo de Spike Jonze la técnica es sólo una herramienta para contar una historia fantástica sobre sentimientos. Los monstruos protagonistas son encarnados por actores reales dentro de disfraces no mucho más sofisticados que los de Barrio Sésamo (salvo por la manera en que se han conseguido las expresiones de sus caras). Pero sirven para contar algo. ¿Acaso no se trataba de eso?

Ágora: un correcto ensayo



Escribía recientemente Umberto Eco que si la religión fue, en ocasiones, el opio del pueblo, más a menudo funcionó (y funciona) como su cocaína. Lejos de anestesiar, este tipo de creencias han estimulado no pocos conflictos a lo largo de la historia. Ágora retrata esa capacidad destructiva ofreciendo un verosímil retrato de la filósofa Hipatia de Alejandría así como del tiempo que le tocó vivir. Debido a que no se ha conservado ningún documento de la propia pensadora, el campo del que ha dispuesto Amenabar para fabular sobre ella resultaba tan obligado como alentador. Es por ello que no puede considerarse una película biográfica, ya que su protagonista juega un papel eminentemente simbólico. Realmente, el director español podía haber contado la misma historia con Galileo Galilei, con Giordano Bruno, o con cualquier científico que fuera perseguido por pensar antes que por creer.
Tampoco estamos ante un peplum de aventuras al estilo de Hollywood. La conexión emocional del espectador con la película resulta dificultosa, en primer lugar por el lejano punto de vista que trata de marcar Amenábar (lo cual queda patente con los continuos planos cenitales en los que se llega a ver la Tierra desde el espacio exterior), pero también porque el meollo del asunto es de tal calado que los conflictos pasionales y políticos quedan eclipsados. Al final, Ágora acaba siendo un ensayo, con todo lo que ello implica. Es un alegato a favor de la razón y en contra del fundamentalismo de la fe; un retrato del clima que se vivió en aquella Alejandría en la que el velo religioso acabó imponiéndose a los ojos de muchos que intentaron hacer avanzar al mundo por la vía de la ciencia. En ese sentido debe valorarse la cinta y por ello se le puede perdonar cierto maniqueismo de brocha gorda en el tratamiento de los bandos, cierta apatía en la narración o ciertas licencias históricas sólo visibles a los ojos de los muy entendidos. Al final, lo que queda, es la perfecta comprensión de un capítulo de nuestra historia enormemente significativo y que permite extraer enseñanzas de validez atemporal.

The Killers, matadores en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid

Cuando el asesinato es consentido no hay crimen ni afectando a 15.000 personas. Ese es el número de ‘víctimas’ que rebosaron ayer el Palacio de Deportes de la Comunidad para asistir a un esperadísimo concierto de The Killers que resultó ser la crónica de un éxito anunciado. Ante un público especialmente predispuesto al goze, el cuarteto de Las Vegas logró no defraudar las altas expectativas que se habían levantado, lo cual es decir mucho, pues los norteamericanos desembarcaban en Madrid con la vitola de ser el grupo del momento.
Con tan sólo dos discos los Killers llegaron a la élite de la música gracias a un sonido que combina, entre otros elementos, glam-rock de los setenta, elementos electrónicos de los ochenta y vibrantes melodías del brit-pop de los noventa. Esta mezcla entre Bowie, New Order y Oasis convenció desde el principio a la crítica y al público más entendido. Pero para llegar a la categoría de estrellas del siglo XXI les faltaba el respaldo de la masa, algo que han conseguido con su último trabajo pese a resultar el más flojo de su discografía. Ahora suenan en las radiofórmulas, sus canciones se descargan como politonos y la bonita jeta del vocalista cubre carpetas de adolescentes. Para disfrute de estos nuevos seguidores el concierto se abrió con 'Human', el sobreexplotado sencillo con el que le ha conocido el fenómeno fan. “Somos los Killers y estamos para serviros” anunció Brandon Flowers en un aceptable castellano. Como suele ocurrir, aunque en este caso más que en el resto, es en el cantante en dónde reside todo el atractivo escénico de la banda. Su carisma contrasta con la medida apatía de sus compañeros, que se limitan a tocar como cualificados funcionarios del rock. En cuanto a espectáculo visual se refiere, el grupo podría llamarse perfectamente ‘Brandon y sus floreros’.

Ritmos sin compasión
No había duda de que la gente quería saltar y corear. La energía con la que fue recibida la primera tanda de temas, unida al asfixiante calor que reinaba en la pista, fue haciendo mella en un público que quedaba exhausto desde el comienzo. Los parones entre canción y canción, que en cualquier otro concierto serían anticlimáticos, servían aquí de agradecido descanso para un respetable que se desgañitaba cantando piezas como 'Somebody Told Me' y sudaba a chorro bailando piezas como la versión de 'Shadowplay' de Joy Division. Según avanzaba la velada, 'A Dustland Fairytale', 'Sam´s Town' y 'Read My Mind' prometían un cierto relax acústico. Sin embargo, la banda traicionaba tales sensaciones rematándolos con finales apoteósicos. Para el último tramo quedaron reservadas dos de las principales joyas de su repertorio: 'Mr. Brightside' y 'All The Things That I´ve Done'. Tras una brevísima pausa y en medio de los futboleros gritos de "oé oé oé", los Killers volvían al escenario para tocar un bis que culminába con el rotundo 'When We Were Young'. Tan satisfecho como agotado, al público víctima de este huracán musical no le quedaron ganas de pedir más. Era momento para descansar en paz.

Setlist
-Human
-This Is Your Life
-Somebody Told Me
-For Reasons Unknown
-I Can't Stay
-Joy Ride
-Bling (Confession of a King)
-Shadowplay
-Spaceman
-Smile Like You Mean It
-A Dustland Fairytale
-Sam's Town
-Read My Mind
-Mr. Brightside
-All These Things That I've Done

-Bones
-The World We Live In
-Jenny Was a Friend of Mine
-When You Were You

RAF. Facción del ejército rojo


Recientemente ha sido estrenada en España la película RAF. Facción del Ejército Rojo. Me gustaría hacer una crítica ciñiéndome a lo único que he visto de ella, su título. He de confesar que me gusta por su versatilidad. Igual te vale para hablar de terrorismo en Alemania que de tomates.

El fantasma del Festimad 2009

Si los festivales, como los seres vivos, nacen, crecen, se reproducen y mueren, podemos asegurar que Festimad ya cubrió todo su ciclo vital. La otrora mítica cita madrileña, por la cual han desfilado grupos de la talla de Radiohead, Rage Against The Machine, Metallica, Los Planetas, Smashing Pumpkins o Cypress Hill, entre otros, es un cadáver cuya brillante historia le impide desaparecer del todo. La recién presentada edición de 2009 será la de un festival fantasma, y no sólo por la culminación del lento declive en sus carteles. Festimad ya no existe. Sin sede física propia, el plan de este año es el de configurar su programación a través de los conciertos que habitualmente se programan en las salas de música en vivo de la capital. Según los organizadores se trata de “una vuelta a los orígenes” y “una apuesta por los grupos noveles”; para el resto, en cambio, parece un definitivo paso atrás y la consecuencia de una incapacidad para atraer a bandas consagradas. Es cierto que la crisis económica afecta y mucho a los festivales (Sinnamon ya ha anunciado que el Summercase de este año no se celebrará), pero resulta que el presupuesto para la presente edición es el mismo con el que se contó en 2008. La Comunidad de Madrid ha vuelto a aportar 100.000 euros. Con esa cifra, hace un año dio para contratar a grupos internacionales de segunda fila, pero aún con cierto tirón como Linkin Park o Lost Prophets, así como a la banda de Emir Kusturica o al rapero El Chojin. Hoy, los banderines de enganche presentados son Moriarty y Josete, bastante más desconocidos. El 1 y 2 de mayo repectivamente, estos artistas estarán apadrinando a los participantes en un concurso de talentos que se celebrará en el Círculo de Bellas Artes y que se concibe como el plato fuerte del festival. Para quién no los conozca, Moriarty es un grupo francés que se mueve entre el folk y el rock al estilo de los nacionales J.F. Sebastian (que seguro hubieran salido más baratos) y Josete es un cantante de Pan Bendito (vecino de la Excepción) que mezcla pop y flamenco con un sonido similar al de El Barrio. Sin entrar en valorar la calidad de ninguno de ellos, no parece que sus nombres vayan a cumplir una de las funciones atribuidas a los cabezas de cartel en este tipo de espectáculos: atraer a público para que conozcan al resto de artistas.


La oferta musical se completa con bandas habituales del circuito de salas madrileñas como No Aloha, otras de la escena indie nacional como los donostiarras La buena vida o grupos extranjeros, de los que no suele ser raro ver en nuestro país, como Straijackets. Estos y otras bandas actuarán en El Sol, Moby Dick y otros escenarios sin que su presencia suponga nada excepcional para la vida musical de la ciudad. Para hacerlos coincidir con las fiestas del 2 de mayo, los conciertos etiquetados como parte del Festimad se prolongarán del 24 de abril al 9 de de mayo, aunque se pueden disfrutar de ellos antes y después durante todo el año aunque sin la marca festivalera. Cabe preguntarse si, para esto, no sería mejor ahorrarse esos 100.000 euros y esperar a que lleguen tiempos mejores.

Dios salve al bufón

Me comentan varios amigos, conocedores directos del mundo bancario, que la orden de mantener cerrado el grifo del dinero sigue totalmente vigente y sin visos de cambiar. Toda la fortuna que el Gobierno les ha metido en los bolsillos para reactivar el sistema de préstamos lo han preferido utilizar para cuadrar sus beneficios. Nos obligaron a ayudarles con nuestro dinero, y ahora ellos no quieren ayudarnos a nosotros. ¿Por qué no se les fuerza? ¿Por qué siguen acumulando grandes beneficios? ¿Por qué volverán a entregar enormes dividendos a sus accionistas? Son preguntas con respuestas mucho más evidentes de lo que se pretende hacer ver por parte de buena parte de los culpables de esta situación.
La actual crisis económica ayuda a reforzar los argumentos de Leo Bassi, que acaba de estrenar en el Teatro Alfil de Madrid su espectáculo, Utopía. Hoy Bassi es el bufón, un payaso tanto para detractores como para seguidores. Los primeros creen ingenuamente que ese término es despectivo, que Leo no es más que un bravucón y provocador ‘progre’ dedicado a soltar un discurso demagógico contra el sistema. En cambio, quienes conocen su trabajo saben que tras su aparente brocha gorda se esconde un fino pincel con el que dibuja afinadas críticas; que la comedia es un estupendo traje con el que vestir las ideas con el fin de hacerlas más atractivas. En definitiva, que el bufón se ríe del rey hasta cuando su majestad piensa que la chanza se dirige contra sus enemigos.
Resulta un error tomar todo lo que dice Bassi al pie de la letra. Pese a que es un payaso de lo más culto, apasionado por la Historia y la Filosofía y que maneja con soltura varios idiomas, sus espectáculos no son clases universitarias. En sus creaciones, y Utopía no es la excepción, hay mucho de hipérbole y caricatura, recursos basados en la desproporción, sí, pero de rasgos que existen y que son tan reales como unas consecuencias reconocibles por todos. De ellas se alimentan sus números. Identificarlas y buscar a sus responsables para posteriormente proponer una alternativa con la quel se puede estar más o menos de acuerdo, pero que resultan estimulantes. Ahí reside el principal valor de Bassi, en pellizcar conciencias adormecidas. Esa virtud permanece intacta y puesta más en valor que nunca en este espectáculo, capaz de derribar la cuarta pared del teatro para sacar las ideas a la calle (literalmente).

8 del 08 (canciones extranjeras)

1.- Sons & Daughters. Darling.

2.- The Killers. Dustland Fairytale.

3.- MGMT. Time to pretend.

4.- Kaiser Chiefs. Never miss a beat.

5.- Death Cab for Cutie. I will possess your heart.

6.- Glasvegas. Geraldine.

7.- Lykke Li. I´m good. I´m gone.

8.- Il Genio. Pop porno.

8 del 08 (canciones españolas)

1.- DePedro. Equivocado.

2.- Iván Ferreiro. Más de una vez.

3.- Vetusta Morla. Copenhague.

4.- Lucas 15. Teresina.

5.- Bunbury. Bujías para el dolor.

6.- Lori Meyers. Luces de neón.

7.- Russian Red. Cigarettes.

8.- La cultural Solynieve. La reina de Inglaterra.

El rey - Coque Malla

He vuelto a soñar
que no estaba encerrado,
pude respirar
y montar en mi caballo.
Soy extraño pero soy el rey.

Tuve que salir,
saludar con esta mano
y les sonreí,
no quería hacerles daño.
Soy huraño pero soy el rey,
yo soy el rey, yo soy el rey, yo soy el rey, yo soy el rey.

Me trataron mal,
me querían dar la espalda,
tuve que matar
con mis manos, con mi espada.
No soy malo pero soy el rey, yo soy el rey, yo soy el rey, yo soy el rey, yo soy el rey.

Te invité a cenar,
tú estabas asustada.
Me sentía mal,
por tenerte encerrada.
Soy tu amo pero soy... yo soy el rey,
yo soy el rey, yo soy el rey, yo soy el rey, yo soy el rey, yo soy el rey, yo soy el rey.

Tuve que abdicar.
No quería más batallas.
La puerta de atrás, no estaba vigilada.
Soy un hombre y ya no soy... no soy el rey.
No soy el rey, no soy el rey, no soy el rey, no soy el rey, no soy el rey, no soy el rey, no soy el rey, no soy el rey.

Hoy volví a soñar,
que no estaba encerrado.
Pude respirar
y montar en un caballo.
Es extraño,
ya no soy el rey.

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Para todo aquel que al escuchar el dueto de Iván Ferreiro y Coque Malla en la sala El Sol se pregunte de dónde viene este tema, se trata del corte 7 del disco de Coque 'Sueños' (2004).

Bunbury apuesta por el Rock & Roll en el Palacio de Deportes

"Si hay alguien a quien no le guste el rock, esto le va a doler". Con esta frase que servía de introducción a 'Bujías para el dolor', la canción más contundente de su último disco, Bunbury dejaba claro en qué onda se encuentra actualmente. Una onda claramente expansiva, marcada por las potentes vibraciones de unas guitarras que han sustituido a violines y trompetas de anteriores espectáculos. El que fuera líder de Héroes del Silencio ha vuelto a sus orígenes, pero con la alforjas llenas de sonidos. En este largo viaje de retorno Bunbury ha transitado, entre otros caminos, por el alma del soul, por la pose del cabaré o por el peso del folk, haciendo suyos todos los estilos a la vez que él mismo se entregaba a ellos.
Así quedó demostrado ante un Palacio de Deportes prácticamente lleno en lo que era su regreso a Madrid tras un par de años de silencio en la capital. Aunque la excusa del concierto fuera la reciente salida al mercado de Hellville de Luxe, lo cierto es que la velada de ayer poco se pareció a la típica presentación de disco. Los nuevos temas no fueron, ni mucho menos, mayoría en el repertorio que brindó el artista aragonés a un enfervorecido público. Más bien pareció un acto de auto-afirmación, sólo posible en alguien con una trayectoria tan rica como la suya. Y es que a pesar de esa apariencia que le coloca por encima del bien y del mal, parece que han hecho mella en el ánimo, todos los dardos que ha recibido en forma de acusaciones de plagio. Bunbury encontró en el escenario un diván en el que enjugar sus amarguras y su público tuvo la enorme fortuna de aprovecharse de ese afán por reivindicarse mediante la vía de los hechos, como el mayúsculo artista que es. Disfrutó su concurrida parroquia y disfrutó el músico, que mostró su agradecimiento con dos bises y un regalo final inesperado. Tras las notas del clásico '...Y al final' que echa siempre el cierre a sus actuaciones, Bunbury se puso más íntimo y, en formato casi acústico, obsequió al público con un par de canciones más. Cuando las luces se encendieron y la banda se despidió definitivamente habían transcurrido casi tres horas de eléctrico show. Y es que se vio agusto a Bunbury durante todo el concierto, más hablador y comunicativo que de costumbre. El nuevo combo que ha formado funciona, lo cual le sirve para ensayar nuevas versiones de temas clásicos en su repertorio como 'Extranjero', 'Infinito" o 'El rescate'. Hubo incluso una canción de Héroes del Silencio. Pese a los gritos de siempre provinientes de sus seguidores más nostálgicos, solicitando los grandes clásicos de la banda, no fue ni 'Maldito duende', ni 'Entre dos tierras'. La canción elegida para extender el mensaje de este apóstol de la música fue 'Apuesta por el Rock&Roll'. Toda una declaración de intenciones.

Un once de fútbol en el cine

Como colofón a esta serie sobre alineaciones, acabamos con un equipo de película. Se trata de un once confeccionado con actores que han interpretado a futbolistas en alguna cinta. Para equilibrar algo sus posibles enfrentamientos, el equipo jugará con tres porteros.


1- Silvester Stallone en Evasión o victoria. Impagable su actuación como portero. Con lo bajito que era no llegaba ni a tocar larguero, pero su agilidad era propia del mejor Benji Price (de la serie japonesa Oliver y Benji).


13- Carmelo Gómez en El Portero. A la antigua, con jersey de lana y gorrilla. Carmelo Gómez interpreta a un portero que se gana la vida yendo por los pueblos y retando a los lugareños a que le metan un penalti.


25- Fernando Tejero en El penalti más largo del mundo. Comedia (¿comedia?) rodada para aprovechar el éxito de Fernando Tejero como portero (de finca) en la serie Aquí no hay quien viva. De los tres guardametas de este equipo, él sería el más flojito.


2- Vinnie Jones en Jugar duro. Antes de ser actor en películas como X-Men, Garfield o Snatch, Vinnie Jones fue futbolista de primer nivel, jugando en equipos como el Chelsea, el Leeds o el Queens Parks Rangers. Se caracterizó por su dureza, lo cual le vino juy bien a la hora de interpretar en esta película a un ex-capitán de la selección inglesa que acaba en la cárcel. Pronto monta un equipo con lo mejor de cada celda.


3- Stephen Chow en Shaolin Soccer. Chow escribe, dirige y actua en esta cinta sobre un experto en artes marciales que decide utilizar sus técnicas de pelea en el fútbol. Que se sepa, la cinta no está inspirada en Javi Navarro ni en ningún otro central leñero.


4- Michael Caine en Evasión o victoria. Algo pasado de peso pero se lo podía permitir en un equipo en el que compartía alineación con Pelé, Osvaldo Ardiles o Bobby Moore entre otros.


5 y 6- Las gemelas Olsen en Switching Goals. Si un doble pivote debe estar bien compenetrado nada mejor que encomendarselo a un par de gemelos. Dado que los De Boer no han protagonizado ninguna película no hay más remedio que entregárselo a las, por aquel entonces, adorables hermanas Olsen.


7- Parminder Nagra en Quiero ser como Beckham. La banda derecha tiene que ser para esta mujer hindú que deseaba seguir los pasos de su ídolo, David Beckham. En esta película también sale Keira Knightley, pero no da pie con bola.


8- Guillermo Campra en Carlitos y el campo de los sueños. Juventud para el centro del campo. Lo mejor de esta película en la que Carlitos sueña con jugar en la selección española es el cameo de Raúl (que no parece que sea el que mejor mano tenga ahora para enchufar a alguien en La Roja).


9- Ernesto Alterio en Días de fútbol. Enorme actuación interpretativa (que no futbolística) de Ernesto Alterio. Aunque carece de habilidades técnicas, artimañas como pinchar al rival con alfileres o comprar al árbitro ponen algo de Bilardismo en el el equipo, lo cual no vendrá mal.


10- Kuno Becker en ¡Gol! Un auténtico galáctico. La película narra la historia de un inmigrante mexicano que llega a jugar en el Newcastle. En la segunda parte ficha por el Madrid galáctico. Florentino (que aparece en un cameo) dejó que se rodara en el mismo Bernabéu junto con Zidane, Figo, etc.


11- Lincoln en Soccer Dog. Nada mejor que un tipo rápido y habilidoso por banda que salga a morder al contrario. Lincoln, el perro futbolista, asegura sacrificio para el equipo.

Bunbury - Hellville de Luxe

Enrique Bunbury debe estar pasando un momento personal muy dulce. Al menos eso se desprende de las sensaciones que deja su último trabajo de estudio, Hellville de Luxe. El título, tomado del nombre de la casa que el artista posee en el Puerto de Santa María, es significativo por sí solo. Bunbury parece haber sentado la cabeza, encontrando en Cádiz un remanso de paz donde desterrar aquel estrés que le hizo bajarse de un escenario en Zuera hace tres años, en el que resultó ser el último concierto con su anterior banda, El Huracán Ambulante. El último trabajo en solitario del aragonés parece fruto de ese nueva calma de la que disfruta. Bunbury confiesa haber compuesto el disco "buscando la rutina, como si tuviera una vida normal, un trabajo continuado". Al final, el resultado son buenas canciones, pero por debajo de la brillantez de anteriores composiciones. Se vuelve a cumplir un principio del arte que pocas veces falla y que dice que la inspiración brota mejor de episodios turbulentos que de capítulos plácidos. Al menos es lo que hacen pensar unas letras, en su mayoría, bastante positivas y optimistas. Pero en Hellville de Luxe se ha perdido cierta capacidad de emocionar, de desgarrar el alma con los sonidos y las letras, tan presentes en Pequeño (1999) o El viaje a ninguna parte (2004). En su favor hay que decir que es un disco que ganará enteros en directo pues es más 'guitarrero'. Se acabaron aquellos aires de cabaré, produciéndose una vuelta a un sonido que recuerda bastante a Héroes del Silencio, sobre todo, en las primeras canciones del disco. 'El hombre delgado que no flaqueará jamás', 'Bujías para el dolor' o 'Hay muy poca gente' dan muestra de ello.
Como decía, tal vez la felicidad haya mitigado la creatividad de Bunbury, lo cual explicaría las polémicas sobre posibles excesos a la hora de utilizar frases de otros artistas. Pero hay que tener en cuenta que el disco de un Bunbury 'tuerto' es mucho más interesante que lo que puedan hacer la mayoría de artistas que pueblan un panorama musical que anda algo ciego en el Reino de España. Además la experiencia nos dice que hay que confiar en que el carismático cantante regrese en próximos trabajos a las cotas de excelencia a las que nos tiene acostumbrados en su ya larga carrera pues, como dice en una de sus canciones 'Todos lo haremos mejor en el futuro'.

Murmur - Foot to the floor

Cantan en inglés porque su vocalista es británico, pero la banda es madrileña. Acaban de sacar 'My Glass Isn’t Half-Full, It Isn’t Half-Empty, It’s Broken', título que ya da una idea de por dónde van. Son algo melancólicos, sí, pero un poco de tristeza a veces te alegra la vida. El siguiente vídeo pertenece a un tema de su primer disco. Gran canción.

Maga - Diecinueve

El post número cien se merece algo así. La única canción que me impide asegurar que en el mundo de la música es estúpido hablar de "mejor" o "peor", que la perfección no existe, que no hay verdades absolutas. Diecinueve es simplemente...

Los artistas no mueren

Cualquier muerte es trágica, aunque si sobreviene antes de los cuarenta resulta aún más desgarradora. Sólo los íntimos de aquel que deja este mundo pueden saber lo que les duele la pérdida. El resto nos quedamos en el lamento por un pesar ajeno que somos incapaces de percibir. Pocas frases como “te acompaño en el sentimiento” resultan más falsas. Nadie puede acompañar a nadie en un sentimiento que no siente.
Es difícil decir adiós a alguien al que jamás dedicaste un hola. Ayer falleció Sergio Algora, poeta y músico aragonés al que nunca conocí. A lo que sí he tenido la oportunidad de acercarme es a parte de su obra. Sergio lideró grupos como ‘El niño gusano’ o ‘La Costa Brava’. Aunque ni su creador, ni sus ejecutantes, ni sus oyentes lo sean, todas las canciones serán inmortales y podremos seguir disfrutándolas. Los artistas no mueren, sólo dejan de crear.

Sons & Daughters - Darling

Un claro ejemplo de efectividad (que no efectismo) en música de la mano de este sorprendente grupo escocés.