1.- Kasabian. Underdog.
Kasabian lleva la psicodelia de los 60 hacia el siglo XXI con un potente riff de guitarra imborrable.
2.- Animal Collective. Lion in a Coma.
Pop de lo más experimental, casi abstracto, con una variedad de sonidos capaz de crear un ambiente de lo más exótico.
3.- Arctic Monkeys. Crying Lightning.
Los de Sheffield demuestran que apostar por un sonido más oscuro y pausado no tiene por qué significar perder un ápice de magnetismo.
4.- Grizzly Bear. Two Weeks.
Un poco folky, un poco sonido ‘The wonders’... Tan difícil de definir como fácil escuchar.
5.- Gossip. Heavy Cross.
Esto vendría a ser al rock indie lo que ha supuesto para el gran público el I gotta feeling de Black Eyed Peas; un levantador de ánimos.
6.- Them Crocked Vultures. New Fang.
Juntando al líder de Foo Fighters, a la voz de Queens of Stone Age y a un guitarrista de Led Zeppelin tenía que salir algo como esto.
7.- Telekinesis. Coast of Carolina.
Suelo desconfiar de las canciones que me enganchan a la primera escucha, pero esta es una excepción.
8.- Metric. Help I’m Alive.
Pura fantasía aplicada al sonido.
9.- Placebo. For What is Worth.
No podía faltar en la lista uns clásicos que se muestran así de contundentes en este tema.
Con un gol de bella factura Gonzalo Higuaín fue el encargado de abrir el domingo el marcador en la victoria por 2-0 de su equipo frente al Mallorca. El tanto del delantero le sirvió para empatar a trece goles con Cristiano Ronaldo como máximo goleador del Real Madrid en lo que va de temporada. El dato llega en una semana en la que diversos medios han apuntado un posible interés del Arsenal por hacerse con los servicios del ‘Pipita’ si finalmente el Madrid se lanza a por el fichaje del capitán del club londinense, Cesc Fábregas.
El interés de Arsene Wenger por Higuaín no hace sino corroborar aún más la valía de un jugador que llegó como una promesa al club blanco y que ya se ha convertido en toda una realidad. El argentino supo sobreponerse desde un principio a las grandes exigencias de una entidad como el Real Madrid. Pese a tener poco más de 19 años cuando jugó su primer partido en nuestro país, Higuaín se adaptó rápidamente al fútbol español, mostrando poco a poco el talento que encierra. Primero desde el banquillo, el punta comprendió el valor de revulsivo que le adjudicó Fabio Capello hasta hacerse un hueco en el equipo. Higuaín anotó importantes goles en aquella Liga en la que el Madrid le remontó una gran diferencia de puntos al Barcelona, siendo el más recordado el que logró ante el Osasuna en el partido en el que se cantó el alirón. Acusado en sus comienzos de fallar demasiadas ocasiones por parte de especialistas que soslayaban que era él mismo el quese fabricaba la mayoría, Higuaín parece haber dejado atrás sus problemas de definición. Los registros actuales, sumados a los logrados la campaña pasada, en la que acabó la Liga con 22 goles, así lo demuestran.
No todos los jóvenes futbolistas salen airosos del proceso de adaptación al que tuvo que hacer frente. Recientes estrellas en potencia como Robinho, Huntelaar, Drenthe o el propio Gago, que aterrizó en Madrid a la vez que él, no han sido capaces de aguantar la presión que conlleva un club para el que el futuro nunca puede sacrificarse a costa del presente. Mientras esos jugadores han acabado por abandonar el equipo o mantienen un papel residual, Higuaín se ha confirmado como un titular indiscutible para los últimos técnicos que han dirigido al conjunto blanco. Él último reto al que tuvo que hacer frente fue la llegada de Karim Benzemá, el cual ha acabado por ocupar plaza en el banquillo ante las buenas actuaciones del argentino. Su calidad ha acabado incluso por convencer a Diego Armando Maradona, que le ha incluido en las últimas listas de la selección argentina para hacerle titular, incluso por delante de su yerno, el Kun Agüero.
Pese a que Higuaín es ya toda una realidad, lo cierto es que acaba de cumpir 22 años, con lo cual el margen de mejora con el que cuenta es todavía amplio. Haría mal el Real Madrid en deshacerse de él, aún a costa de conseguir a un futbolista tan excepcional como Cesc Fábregas. Los grandes equipos se hacen a base incorporar a buenos futbolistas y mantener los buenos que tienen. Higuaín es uno de ellos, como lo son, entre otros, Cristiano Ronaldo, Casillas o Kaká. Si nadie se imagina que alguno de ellos pueda salir del club, tampoco se debería especular con que lo hiciera Gonzalo Higuaín.
1.- Love of lesbian. Segundo asalto.
Tanto por el título como por la fuerza de la percusión me recuerda a "Segundo premio" de los Planetas. Energía emocional in crescendo.
2.- L.A. Hands.
Este mallorquín, de nombre Luis Alberto, es la sorpresa del año. Grandes melodías con una voz que recuerda a la de Eddie Vedder, cantante de Pearl Jam.
3.- Sidonie. En mi garganta.
Nunca me gustó Sidonie, pero en poco más de dos minutos cambié mi opinión por culpa de este tema que engancha desde la primera escucha.
4.- La bien querida. De momento abril.
Si mezclaramos el embrujo de Pastora con la melosidad de Nosoträsh tendríamos esto. Una sonrisa en forma de canción.
5.- The Sunday Drivers. My plan.
Si en lugar de Toledo fueran de Bristol, estarían arrasando por todo el mundo. Aquí se marcan un tema que podrían haber firmado los mismísimos Franz Ferdinand.
6.- Mamut. Amanece en Pekín.
No suele ser habitual encontrar tanta variedad de sonidos tan bien escogidos en un grupo indie español. Pop alegre de patio de colegio capaz de saltar al gran público.
7.- Pereza. Amelie.
Todo lo bueno de un disco discreto se concentra en esta canción que suena a Calamaro antes incluso de que el gran Andrés comience a cantar.
8.- Delorean. Deli.
El rock para pista de baile 'made in Spain' vive un momento espectacular con grupos como Mendetz, We are standard o los propios Delorean. Este tema lo certifica.
9. Quique González. La luna debajo del brazo.
Es más de los mismo, pero sigue gustando. Quique González es el maestro indicado para poner la nota intimista a esta lista.
Que 2009 haya sido cuasi perfecto para el Barça supone que fue un mal año para el Madrid. Pero toda situación es suceptible tanto de mejorar para unos como de empeorar para los otros. En 2010 la final de la Liga de Campeones se celebra en el Santiago Bernabéu. ¿Se puede imaginar satisfacción mayor para el barcelonismo que ganar el torneo continental más importante en casa del eterno enemigo? ¿Cabe en la imaginación del madridismo peor humillación que ver a los aficionados del máximo rival profanando la Cibeles con sus celebraciones?
Es posible encontrar argumentos filosóficos y religiosos en contra de que esto vaya a ocurrir. Schopenhauer diría que la felicidad nunca puede ser plena y un católico recordaría aquello de "Dios aprieta pero no ahoga". Pero al contrario existe un factor tan esperanzador desde la óptica culé como inquietante para la salud mental de los blancos. Es este anuncio de Master Card que se puede ver en el Metro de Madrid.
En el cartel se anuncia la final y la posibilidad de comprar entradas para ella a través de la firma de tarjetas de crédito. En la fotografía aparece lo que ha de contemplarse como una visión del Bernabéu el día del encuentro decisivo y a dos aficionados con los brazos en altos celebrando. Uno vestido de azul y el otro de grana, forman una sutil combinación de colores. Inquietante, ¿no? Quizá el dinero sepa algo que la filosofía y el dinero desconocen. Al madridismo sólo le queda rezar a Schopenhauer.
Los sueños incumplidos producen monstruos. Es algo que le debe ocurrir a todo el mundo (a no ser que seas Pep Guardiola). Por eso es recomendable llevarse bien con ellos. Spike Jonze se adentra en esos sentimientos de frustración y miedo con Donde viven los monstruos, una película tierna y turbadora a partes iguales. Se estrenó el pasado 18 de diciembre, el mismo día que Avatar.
"El cine lo revolucionaron los hermanos Marx, Hitchcock, John Ford, los neorrealistas, los autores de la nouvelle vague... Ninguno era técnico. Eran artistas" decía Javier Ocaña en El País sobre Avatar. La última superproducción de James Cameron está rompiendo la taquilla mundial gracias, "solamente", a su técnica en 3 dimensiones. Nadie destaca la historia que cuenta porque eso parece ser que es lo de menos. Personalmente, a mi hace mucho tiempo que dejaron de impresionarme los efectos especiales (al fin y al cabo, el 3D no es más que otro efecto). No digo que no tenga valor, que lo tiene y mucho, pero ya he asumido que con la informática todo es posible. El asombro, único sentimiento que son capaces de despertar esos recursos, está por lo tanto más que amortizado.
Donde viven los monstruos y Avatar están en las antípodas la una de la otra. En el trabajo de Spike Jonze la técnica es sólo una herramienta para contar una historia fantástica sobre sentimientos. Los monstruos protagonistas son encarnados por actores reales dentro de disfraces no mucho más sofisticados que los de Barrio Sésamo (salvo por la manera en que se han conseguido las expresiones de sus caras). Pero sirven para contar algo. ¿Acaso no se trataba de eso?

