Indestructible San Emeterio, destructible España

O Eduardo Rodrigálvarez, periodista de El País, piensa que Euskadi y Cataluña no forman parte de España o ha tenido un desliz de los que hacen época. A raíz del triunfo del Caja Laboral frente al Barça en la final de la liga ACB, Rodrigálvarez firma un reportaje titulado Indestructible San Emeterio sobre el gran héroe del Baskonia, Fernando San Emeterio. El alero santanderino, que anotó una entrada a canasta que empataba el partido en los últimos instantes de la prórroga y transformó el tiro libre adicional que sirvió para ganar el encuentro en el último segundo, es considerado en las páginas del diario del 16 de junio como el "único español del cuadro vasco".


Sin embargo, en el actual Caja Laboral hay otros dos jugadores nacidos en España: el vitoriano Martín Buesa y el barcelonés Pau Ribas. Cierto es que Buesa apenas ha jugado esta temporada (de hecho en el partido de ayer ni siquiera saltó a la cancha), pero forma parte de la plantilla. El otro, Pau Ribas, no sólo está inscrito como jugador baskonista, sino que éste sí que disputó más de nueve minutos del encuentro decisivo, anotando tres puntos antes de ser eliminado por cinco faltas personales, así que no se puede decir que pasara desapercibido para cualquiera que viera el partido.

Un mundial raro

Va a ser un Mundial raro. Raro porque por primera vez se celebra en África, lo cual, además de las incognitas organizativas, abre los pronósticos sobre quién será el ganador. La historia dice que las Copas del Mundo se las lleva un país del mismo continente en que se disputa el torneo. Más concretamente, en América ganan los americanos y en Europa los europeos. Sólo ha habido dos excepciones: en Suecia 58, cuando venció el Brasil del adolescente Pelé, y en Corea-Japón 2002, que hasta hoy ha sido el único mundial organizado fuera de los dos continentes clásicos. Éste también lo ganó la canarinha.
Raro porque se va a jugar en invierno, con frío, así que no se producirán las típicas imágenes de los partidos de sobremesa, con el sol asfixiante dando de plano sobre los jugadores. Habrá temperaturas más suaves, con lo que se perderá algo de esa “épica de la deshidratación” a la que estábamos tan acostumbrados tras Argentina 78, última de estas citas que se celebró en el hemisferio sur.
Pero sobre todo va a ser raro porque la gran favorita es… ¡España! Junto a La Roja, Brasil e Inglaterra se postulan como la terna de principales aspirantes a levantar la Copa. Curiosamente se advierte un cierto cambio de papeles en lo que respecta a la manera histórica en que estos tres equipos han venido entendiendo el juego. España ha dejado a un lado la famosa furia para practicar un fútbol vistoso al estilo de Brasil; Brasil aparcó hace tiempo el jogo bonito a favor de una apuesta por el juego directo y agresivo típico de Inglaterra; e Inglaterra se ha abonado al orden y el rigor defensivo de Italia de la mano del transalpino Fabio Capello. A este trío se les debe sumar otras tres incognitas: la anárquica Argentina, con la mejor delantera del mundo, pero sin nada detrás; Holanda, siempre un seguro de buen juego pero siempre maldita, especialmente en las tandas de penaltis; y Portugal, con un Cristiano Ronaldo capaz de echarse a la espalda al equipo. Inmediadamente después llegan dos clásicos que no pasan por sus mejores horas: Alemania e Italia. La Mannschaft y la Azzurra tienen dos equipos muy discretos. Los primeros en plena transición hacia la multiculturalidad y los segundos con un bloque envejecido debido a la sequía de talento en sus nuevas generaciones. Pero si algo tienen estas escuadras es una inmensa capacidad de competir. Es posible que si decidieran ponerles la camiseta blanca unos y la azul los otros, a 11 ciudadanos culesquiera que pasaran por la calle principal de Hamburgo o de Florencia, también lograrían hacer un buen papel.
Lo dicho, será un mundial raro, y raro puede ser sinónimo de extraordinario.

Al servicio de los privilegiados

Ayer sábado Televisión Española emitió un precioso programa sobre la crisis económica en La 1. Se titulaba Tenis. Final del Madrid Open: Nadal vs. Federer. Alguno se lo perdería pensando ingenuamente que se trataba de un mero acontecimiento deportivo. Pues no. La retransmisión acabó siendo una bella metáfora sobre el funcionamiento del sistema capitalista, su crisis económica y cómo lo están viviendo las distintas clases sociales. Para poder disfrutar del documento había que abstraerse del espectáculo que los dos mejores tenistas del mundo estaban dando en la pista y fijarse en lo que ocurría en las gradas. En los asientos más cercanos a la arena, tan cerca de los protagonistas que podían oir sus lamentos, oler su sudor y hasta ver sus lunares, se situaba una pléyade de celebridades de lo más variopinta.


Utilizando las comillas para poder ser generoso, había “artistas” como Norma Duval, “actrices” de la talla de Ana Obregón, “periodistas” de la fama de María Eugenia Yagüe, famosos consortes como Nicolás Vallejo-Nágera, ricos por obra y gracia de Dios y sin profesión reconocida como Carmen Lomana, etc. Extasiados, más que por el derroche de talento de los respectivos número 1 y 2 de la ATP, por contemplar tan de cerca ese concepto seguramente desconocido para ellos llamado "esfuerzo", tales personajes aparecían ufanos en los planos televisivos con sus gafas de sol y sus ropas de marca. Tenían el lugar más privilegiado del estadio, pero no estaban solos. Si uno miraba un poco más arriba o a cualquiera de los lados, seguía viendo palcos y más palcos ocupados por políticos, empresarios, actores, deportistas y demás carne de la crónica rosa de nuestro país, algunos disfrutando del partido, otros del ambiente, y todos de la gran ceremonia de las apariencias. Ni que decir tiene que ninguno de ellos habrá gastado un solo céntimo en adquirir sus localidades. Quien no fuera invitado por la organización lo habrá sido por alguna empresa que haya adquirido las butacas correspondientes con el ánimo de hacer negocios. Para encontrar a la gente que sí pagó religiosamente su entrada había que esperar a que la realización de TVE mostrara un plano general de La Caja Mágica, pues estos ocupaban los lugares más alejados a la arcilla en la que se desarrollaba el partido.

En las gradas de los partidos de tenis quien más tiene es quien menos paga. Muchos de ellos, demasiados, gozan de todos los privilegios y facilidades del mundo gracias a aquellos que con empeño sufragan los lujos de los aprovechados. A unos se les obliga a participar en el reparto de sacrificios para que los otros puedan disfrutar del reparto de beneficios consiguiente (por supuesto, siempre desde los mejores asientos y a cubierto por si llueve). Si es que el tenis es como la vida misma.

Más allá del fútbol

Aunque ninguna sea de índole futbolística existen cinco razones por las cuales a España le interesa que sea el Inter de Milán el que llegue a la final del Bernabéu.

Económicas: Los aficionados italianos que vinieran a Madrid traerían dinero adicional a nuestro país, lo cual generaría un aumento del PIB español asociado al turismo. Por el contrario, en el caso de que fuera el Barça el que alcanzara la final, sus hinchas, al ser españoles, no estarían trayendo dinero nuevo. Además sería de esperar que los neroazzuri se dejaran más riqueza que los azulgranas. Y no se trata de aquello de la tacañería catalana, sino porque al ser un desplazamiento más largo, muchos italianos optarían por pernoctar en Madrid y aprovecharían para hacer turismo, comprar souvenirs, conocer la gastronomía española, etc.

De seguridad: La presencia de cerca de 30.000 seguidores culés con entrada para el Bernabéu, más todos aquellos que se acercaran a Madrid sin ella, podría generar importantes problemas para el orden público. Conocida es la rivalidad existente entre Barcelona y Madrid, un pique que trasciende lo meramente deportivo para expanderse hacia terrenos más peligrosos. No sería de extrañar que entre la numerosa masa barcelonista hubiera algunos elementos que llegaran con ganas de irritar al madridismo, movimiento dentro del cual, también existen indeseables capaces de responder con violencia, medie o no provocación previa.

Culturales: La conjunción de tres países distintos en un evento de tanta trascendencia como la final de la Champions League podría servir para realizar una interesante manifestación de europeismo. España (como país porganizador), Alemania (a través el Bayern) e Italia (con el Inter) podrían demostrar los fuertes lazos que unen a una Europa diversa. Si en lugar del Inter fuera el Barça el que disputara la final, la cosa quedaría reducida a una cuestión bilateral entre España y Alemania, perdiéndose el rico aporte de la cultura italiana.

Diplomáticas: Cualquier buen anfitrión debe ser imparcial con sus invitados, pero además, debe parecerlo. Si el Barcelona disputara la final, desde Alemania podría pensarse que, al tratarse de un equipo español, podría existir la tentación por parte de los organizadores de beneficiar a sus compatriotas. Además, sabiendo del barcelonismo de Zapatero, no sería descartable que, en cualquier lance del partido nuestro presidente se dejara llevar por la pasión en el palco realizándo algún gesto que pudiera molestar a la canciller Angela Merkel.  Tal y como están las cosas, más vale no agraviar a la locomotora económica de Europa, por lo que pudiera pasar en un futuro.

Estéticas: Estas son algunas de las “reporteras” de la televisión italiana que, quizá se animarían a venir a España a realizar sus programas para animar al Inter: Sara Varone (Mediaset), Miriam Leone (RAI) e Ilaria D'Amico (Sky).


Para quienes sean más propensos a la belleza masculina,  por supuesto, en el palco de honor se contaría con el auténtico playboy italiano: Silvio Berlusconi.



Dios perdona, el Times no

Tradicionalmente cuando se realiza un obituario o cualquier artículo sobre un personaje de relevancia que acaba de fallecer suele prevalecer una mirada afable, resaltando los aspectos positivos y ocultando los negativos (por relevantes que estos hayan sido). Esta tendencia, aun siendo mayoritaria hoy en día, cambió cuando el Times situó la objetividad periodística por encima del pésame. Cuenta Arsenio Escolar, director de 20minutos, que la revista italiana Panorama dedicó un artículo al respecto titulado “Dios perdona, el Times no”. La última muestra del admirable compromiso del diario británico con el buen periodismo la hemos encontramos en el tratamiento que ha dado a la muerte de Juan Antonio Samaranch. Mientras que en España todo han sido parabienes, considerando al ex presidente del COI como un prohombre, The Times recuerda su pasado como dirigente franquista y sus no siempre ensalzables actuaciones al frente del Comité Olímpico Internacional. No todo fueron luces en su mandato. Muy por el contrario la corrupción, la opacidad y el mercantilismo al que condujo al máximo organismo del deporte internacional son sombras que el respeto por su fallecimiento no deberían haberse ocultado en la prensa española. Al menos, gracias a internet siempre nos quedará el Times.