La Unión de Televisiones Comerciales Asociadas (UTECA) ha vuelto a manifestar su rechazo a las prácticas de lo que denominan como “televisiones públicas” en un comunicado fechado el pasado 3 de febrero y ampliamente difundido en varios informativos de las cadenas que pertenecen a este colectivo (Antena3, Telecinco, Cuatro, LaSexta, Veo y Net TV). Antes de valorar el verdadero y único objetivo de la patronal de la televisión privada -que no es otro que expulsar del mercado publicitario a TVE para acaparar los ingresos de sus anunciantes- resulta interesante comprobar cómo desde este organismo se desprecian de manera tan abyecta los principios que rigen el sistema audiovisual en un Estado de Derecho como el nuestro.
Pese a la maliciosa distinción que se efectúa entre televisiones públicas y privadas, cabe reseñar que el ordenamiento jurídico español consagra la televisión como un servicio público de titularidad estatal. Es decir, todo lo referente a este medio debe estar supeditado al interés público y bajo supervisión del Estado. Para garantizar la pluralidad y evitar los peligros propios de un régimen de monopolio se posibilita la prestación de parte de este servicio a través de concesiones. Ello implica que empresas privadas puedan operar en el sistema audiovisual aunque siempre teniendo en cuenta la obligación de contribuir al bienestar de la sociedad cumpliendo una serie de principios establecidos. Así lo establece la ley 10/1988 cuando cita que la gestión indirecta por parte de las sociedades concesionarias se inspirará en los principios expresados en el artículo 4 de la Ley 4/1980, de 10 de enero, del Estatuto de la Radio y la Televisión. Esta norma, pese a estar hoy derogada por la ley 17/2006 sigue siendo de aplicación en los efectos previstos en la citada ley de Televisión Privada. Por lo tanto, las indicaciones que se recogen a continuación siguen plenamente vigentes. Son las siguientes:
La actividad de los medios de comunicación social del Estado se inspirará en los siguientes principios:
1. La objetividad, veracidad e imparcialidad de las informaciones.
2. La separación entre informaciones y opiniones, la identificación de quienes sustentan estas últimas y su libre expresión, con los limites del apartado cuatro del artículo 20 de la Constitución. 3. El respeto al pluralismo político, religioso, social, cultural y lingüístico.
4. El respeto al honor, la fama, la vida privada de las personas y cuantos derechos y libertades reconoce la Constitución.
5. La protección de la juventud y de la infancia.
6. El respecto de los valores de igualdad recogidos en el artículo 14 de la Constitución.
Basta encender la televisión para asistir, casi en cualquier momento, a un sin fin de violaciones de los principios anteriormente expuestos. Y es que la mayoría de las cadenas privadas decidieron hace tiempo no cumplir la ley. Por si esto resultara poco, encima tienen la desfachatez de erigirse en adalides de la libertad audiovisual aconsejando, cuando no exigiendo, que las televisiones públicas (entiéndase, las de titularidad del Estado y las C.C.A.A.) se financien exclusivamente con recursos públicos (entiéndanse, impuestos) y construyan su parrilla con criterios de servicio público y no comercial (entiéndase programas que no tengan grandes audiencias). Eso es lo que propugnan en su más reciente comunicado, pese a carecer de cualquier legitimidad para solicitar nada a los poderes públicos.
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No preguntes qué puede hacer tu país por ti. Pregúntate que puedes hacer tú por tu país. Esta mítica frase de John F. Kennedy nunca hubiera pasado a la historia si la hubiera pronunciado un presidente español. Ayer quedó demostrado una vez más que, para bien y para mal, nuestro carácter es mucho más individualista que el norteamericano.
El programa 'Tengo una pregunta para usted' con Zapatero se convirtió en un “¿qué hay de lo mío?”. Los participantes buscaban mayoritariamente respuestas concretas a problemas individuales. La culpa de todo era, evidentemente, del Gobierno. El recurso a la demagogia tampoco podía faltar con preguntas como cuánto ganaba al año el presidente o por qué España vende armas al extranjero. Zapatero estuvo sereno, dominando el escenario y hasta pedagógico en algunos aspectos. Logró llevar los reproches que le hacían al terreno sentimental, mostrándose afligido por las situaciones personales de los parados. Pero nadie nadie le obligó a entender las preguntas como verdaderas quejas políticas. Nadie puso de relieve algunos de los errores de diagnóstico y tratamiento de la crisis en los que hoy sigue incurriendo el presidente. Hasta algunas de las preguntas que se le hicieron estaban fundadas en datos incorrectos.
De todas formas, imbuido por esta gran ejemplo de egoísmo español, he de reconocer que el programa me dio una razón para estar contento. Y es que digan lo que digan y pese a lo que se pueda pensar en ocasiones desde la propia profesión, queda patente que los periodistas son muy necesarios en esta sociedad.
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Me comentan varios amigos, conocedores directos del mundo bancario, que la orden de mantener cerrado el grifo del dinero sigue totalmente vigente y sin visos de cambiar. Toda la fortuna que el Gobierno les ha metido en los bolsillos para reactivar el sistema de préstamos lo han preferido utilizar para cuadrar sus beneficios. Nos obligaron a ayudarles con nuestro dinero, y ahora ellos no quieren ayudarnos a nosotros. ¿Por qué no se les fuerza? ¿Por qué siguen acumulando grandes beneficios? ¿Por qué volverán a entregar enormes dividendos a sus accionistas? Son preguntas con respuestas mucho más evidentes de lo que se pretende hacer ver por parte de buena parte de los culpables de esta situación.
La actual crisis económica ayuda a reforzar los argumentos de Leo Bassi, que acaba de estrenar en el Teatro Alfil de Madrid su espectáculo, Utopía. Hoy Bassi es el bufón, un payaso tanto para detractores como para seguidores. Los primeros creen ingenuamente que ese término es despectivo, que Leo no es más que un bravucón y provocador ‘progre’ dedicado a soltar un discurso demagógico contra el sistema. En cambio, quienes conocen su trabajo saben que tras su aparente brocha gorda se esconde un fino pincel con el que dibuja afinadas críticas; que la comedia es un estupendo traje con el que vestir las ideas con el fin de hacerlas más atractivas. En definitiva, que el bufón se ríe del rey hasta cuando su majestad piensa que la chanza se dirige contra sus enemigos.
Resulta un error tomar todo lo que dice Bassi al pie de la letra. Pese a que es un payaso de lo más culto, apasionado por la Historia y la Filosofía y que maneja con soltura varios idiomas, sus espectáculos no son clases universitarias. En sus creaciones, y Utopía no es la excepción, hay mucho de hipérbole y caricatura, recursos basados en la desproporción, sí, pero de rasgos que existen y que son tan reales como unas consecuencias reconocibles por todos. De ellas se alimentan sus números. Identificarlas y buscar a sus responsables para posteriormente proponer una alternativa con la quel se puede estar más o menos de acuerdo, pero que resultan estimulantes. Ahí reside el principal valor de Bassi, en pellizcar conciencias adormecidas. Esa virtud permanece intacta y puesta más en valor que nunca en este espectáculo, capaz de derribar la cuarta pared del teatro para sacar las ideas a la calle (literalmente).

Sólo resta la confirmación oficial, pero Florentino se va a presentar a las elecciones del Real Madrid. Una vez que los problemas de salud de su mujer parecen mejorar, Pérez ya trabaja en perfilar su candidatura. Hace pocos días nombró a Juanjo Díaz (ex redactor de Marca) como director de comunicación de ACS. El movimiento es idéntico al que realizó con Joaquín Maroto cuando fichó al hoy periodista del diario As con el fin de que dirigiera la comunicación de su constructora para, una vez ganados los comicios de 2000, pasar a ser jefe de prensa del club blanco.
Según se percibe en el ambiente, Florentino arrasaría. As publica hoy una encuesta entre la afición merengue que le otorgaría un respaldo cercano al 80%. Pese a que la muestra no se toma sobre los socios –los que verdaderamente tienen que tomar la decisión-, a nadie se le escapa quién es el el gran favorito, aun sin saber la nómina de candidatos. No hay duda de que el recuerdo de los buenos primeros años tapan el desastroso declive del proyecto de Florentino. A esa mayoría del madridismo le ocurre como al protagonista de la película Memento, el cual era incapaz de recordar los aconteciemientos recientes. Esta amnesia anterógrada comenzó el 27 de febrero de 2006, cuando Florentinó dimitió de su cargo dejando al club a mitad de temporada, añadiendo a la crisis deportiva, de la cual era responsable directo, una crisis institucional cuyas consecuencias se prolongan hasta el día de hoy. Por eso muchos no tienen presentes los tres últimos años sin títulos (una de las peores sequías de la historia del Real Madrid), el despido de Del Bosque tras ganar la Liga para traer a un Queiroz que resultó un fracaso, la dimisión de Camacho por entender que el Presidente mimaba en exceso a sus ‘galácticos’, el fichaje de Eto'o por el Barça facilitado por un Florentino que no quiso que el camerunés regresara al Bernabéu vestido de blanco, la adquisición de Beckham, que frustró la de Ronaldinho, etc. Además, Florentino no hizo nada por cambiar la vergüenza del voto por correo en todos sus años de mandato. Él perdió los comicios de 1995 ante Mendoza por ese sistema y una vez que lo conoció lo utilizó para vencer en 2000 y en 2004 (aunque en estas últimas no le hubiera hecho falta). Por eso Florentino y todo aquel que haya participado en cualquiera de las directivas que ha tenido el Madrid en los últimos años no deberían volver a dirigir el club. Pero parece que lo hará.
1.- Sons & Daughters. Darling.
2.- The Killers. Dustland Fairytale.
3.- MGMT. Time to pretend.
4.- Kaiser Chiefs. Never miss a beat.
5.- Death Cab for Cutie. I will possess your heart.
6.- Glasvegas. Geraldine.
7.- Lykke Li. I´m good. I´m gone.
8.- Il Genio. Pop porno.