La familia de Mourinho IV

Toda buena estirpe merece un gran retrato, sobre todo si su naturaleza sobrepasa lo terrenal. La del rey Felipe IV quedó inmortalizada por Velázquez en Las Meninas, así como la de Carlos IV lo fue por Goya en La familia de Carlos IV. Más allá de la imagen física del monarca y sus parientes, ambos cuadros se consideran obras maestras por, entre otras muchas razones, haber conseguido legar una radiografía de los valores que imperaban en la corte de la época.

Pese a carecer de sangre azul, el clan que forma el actual cuerpo técnico del Real Madrid no desmerece un ápice, en lo que a divinidad se refiere, a Habsburgos o Borbones. Por ello resultaba imprescindible tener una imagen que plasmara la particular idiosincrasia de esta casta de portugueses que dirige los designios de la entidad blanca. Liderados por José Mourinho (a partir de ahora Mourinho IV, al ser el Madrid su cuarto reinado tras los de Oporto, Chelsea e Inter), un amplio equipo de técnicos lusos ha impuesto sus modos de hacer de forma absolutista en un club que, hasta no hace mucho, era venerado en el mundo entero por su talante y caballerosidad. Sin embargo esa fama está condenada a quedar enterrada en el pasado. No hay semana que se eche una palada de tierra a la imagen del Real Madrid. Cuando no es Mourinho despreciando a un rival, quejándose de los arbitrajes, ridiculizando a uno de sus jugadores o riéndose del juego limpio, es cualquiera de su familia de colaboradores los que se encargan de socavar el prestigio institucional de la entidad que les contrató. En Gijón Rui Farias (el preparador físico) tuvo la "elegancia" de mandar a Segunda al Sporting en la cara de su entrenador, Manolo Preciado. En aquel momento se conoció lo sucedido por el testimonio de algunos testigos, ya que no se pudo obtener ninguna imagen de la reyerta. Ayer, en cambio, sí quedó retratado de manera fiel el comportamiento altanero de la corte de Mou, dejando para la posteridad una imagen que simboliza por sí sola lo que está suponiendo este reinado. En el descanso del partido entre el Madrid y el Sevilla, Silvino Louro (el preparador de porteros de Mourinho) protagonizó un altercado con el banquillo del Sevilla. Louro se encaró con varios de los miembros hispalenses, en especial con el delegado sevillista Cristóbal Soria (un tipo que por su querencia a las broncas, su escasa elegancia y su nula educación, resulta merecedor de un cargo en el actual organigrama técnico del Real Madrid). Con su pendenciera maniobra de envite, el exaltado portugués se llevó por delante a Agustín Herrerín, el delegado de campo del Santiago Bernabéu. Herrerín, mítico trabajador que ha dedicado toda su vida al club blanco, quedó tendido en el suelo sin que nadie de los que formaban aquella lamentable tangana parecieran reparar en él.


En ese instante quedó retratado para siempre La familia de Mourinho IV; un cuadro en el que podrá verse para siempre cómo los valores tradicionales del Real Madrid representados por el heptagenario Agustín Herrerín (caballerosidad, educación, respeto, etc.), quedaron vilmente apartados en favor de la chulería, la provocación y los malos modales del clan de los portugueses. Todo un cuadro.