Casillas y el penalti perfecto

Se oye hasta la saciedad: "las tandas de penaltis son una lotería". Como la mayoría de los tópicos, este también resulta una verdad repetida mil veces. Desde el punto fatídico puede pasar cualquier cosa porque la presión juega un papel mucho más importante que la habilidad. Si la técnica estuviera aislada del ambiente, el porcentaje de error sería prácticamente nulo. Y es que teóricamente existe el penalti perfecto. Para cualquier portero resultaría imposible atajar un lanzamiento desde once metros que fuera a una velocidad cercana a los 90 km/h. (hay futbolistas capaces de pegarles a 140 km/h.) y que se colocara pegado al interior de los postes. El balón tardaría en alcanzar los poco más de 11,1 metros que le separan de la linea de meta pegada al palo mucho antes de que el portero recorriera el metro y medio que le separa de él (si se encuentra en medio de la portería). Cuando un jugador consigue lanzar un buen penalti (más o menos cercano a la perfección) el guardameta sólo puede detenerlo anticipándose al momento en que el balón sale de la bota del jugador. Esa anticipación puede atender a dos factores: la intuición o la observación. Lanzándose a uno u otro lado por intuición, el parar el penalti sólo depende del azar. Sin embargo, es posible conocer la trayectoria que puede tomar el balón fijándose en la postura que toma el pie del lanzador justo antes de que la bota impacte con él. Son décimas de segundo muy valiosas que pueden hacer posible alcanzar la pelota si esta no va muy fuerte y colocada. Hay otros factores que hacen que el portero elija hacia donde tirarse, como estudios previos de la forma de lanzar de los futbolistas a los que se enfrenta o la manera de correr hacia el penalti.

De lo que no cabe ninguna duda es de que Casillas ayer no encaró los penaltis ante Italia simplementre rezando. Iker adivinó la dirección de todos los lanzamientos que recibió. Se los detuvo a De Rossi y Di Natale y estuvo muy cerca de de conseguirlo con los de Grosso y Camoranesi. Nuestro portero no jugó a la lotería, y si lo hizo, había comprado muchos números para que nos tocara de una vez el premio.