Miedo A


Ningún virus se contagia con más facilidad que el miedo. En la sociedad de la información en que vivimos, cualquier relato emitido por los medios de comunicación sobre posibles amenazas globales tiende a extenderse con enorme rapidez. Las noticias relativas a pandemias, desastres naturales y demás males de gran alcance se retroalimentan con el interés de un público que siempre quiere saber más datos y más rápido de lo que la prensa es capaz de ofrecer. En esa situación, los medios ven como la audiencia aumenta la demanda de sus servicios. El alarmismo vende más que la tranquilidad.

Hace unos meses cumplimos el primer aniversario de la aparición de la Gripe A. La gran alarma con la que se vivieron los inicios de la enfermedad contrasta un año después con los datos sobre su incidencia. Durante este tiempo el virus N1H1 ha provocado la muerte de 17.000 personas en todo el planeta, lo cual supone un balance mucho menos dañino que el de la gripe común, cuya incidencia se estima en cerca de 250.000 fallecidos anuales. Desde el comienzo la enfermedad mostró una gran capacidad para extenderse, pero al mismo tiempo que se constataba su alto nivel de contagio la Gripe A ofreció una relativa baja tasa de mortalidad. En ningún territorio el N1H1 se ha mostrado más letal que la gripe normal. Sin embargo la característica que acabó trascendiendo en mayor medida a la sociedad fue la enorme capacidad de transmisión del virus, en lugar de hacerlo la tranquilizante levedad de sus efectos.

La amenaza de la tan temible en sus comienzos como olvidada ahora Gripe A, parece ya superada. Expertos de todo el mundo se dedican ahora a analizar si la Organización Mundial de la Salud se excedió en las medidas adoptadas para prevenir la enfermedad. La desproporción entre éstas y el nivel de peligrosidad que ha demostrado tener finalmente el N1H1 resulta evidente y ha ayudado a disparar las sospechas sobre posibles conspiraciones a favor de la industria farmacéutica. Simultáneamente, algunos miembros de la sociedad se preguntan sobre el papel de los medios de comunicación, que han llenado horas de televisión y radio y páginas de periódicos sobre un asunto que ha acabado teniendo la misma trascendencia que otras amenazas apocalípticas como el Efecto 2000, las Vacas Locas o la propia Gripe Aviar.