Trincherazo


Gregorio Gordo, portavoz de la ganadería de Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid, invitó a Esperanza Aguirre a condenar el franquismo durante el transcurso de una lidia dialéctica celebrada hace unos días en el parlamento regional. La diestra pepera (más diestra que nunca), lejos de amilanarse ante tal embestida dirigida por el pitón zurdo, se echó la muleta a la derecha y, alejándose del centro del ruedo político con dirección a zonas más extremas, eludió al astado reinventando el trincherazo. Trincherazo porque así se denomina en tauromaquia el pase en el que el torero da salida al toro por el lado contrario a la mano donde tiene la muleta, pero trincherazo, sobre todo, porque la Presidenta de la Comunidad se echó a las zanjas guerracivilistas para disparar argumentos ya usados en su tiempo por la CEDA o la Falange. Aguirre se negó a censurar la dictadura de Franco hasta que Gordo y los suyos no hicieran lo propio con, entre otros sucesos, “el golpe del 34”, aquella revolución popular de sindicalistas y nacionalistas que la lideresa equiparó al levantamiento militar del 36. El particular pase de pecho levantó los aplausos de los diputados ocupantes del tendido de sol (bancada en la que algunos parecen añorar eso de poner la cara al astro rey con la camisa nueva). Por fortuna, la faena acabó sin necesidad de utilizar el estoque.

Espero que se me disculpen los símiles taurinos, pero desde que Aguirre declaró la llamada “fiesta nacional” como bien de interés cultural en Madrid, tiendo a tirar del Cossío para analizar cualquier intervención pública suya, por poco o nada que alguna tenga de "bien" o de "cultural". Ya dijo la Presidenta que los toros es todo un arte a proteger, argumentando que como tal lo habían tratado grandes genios de la talla de Lorca, Hemingway o Picasso. Aunque hablando de éste último -del célebre pintor precursor del cubismo, del antifascista militante y comunista confeso, del malagueño de nacimiento y francés de adopción por obra y gracia del exilio- no puedo evitar preguntarme si la percepción de Aguirre sobre la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista no cambiaría si contemplara, por ejemplo, El Guernica. Aunque claro, para que se diera esa circunstancia nuestra Esperanza tendría que visitar el Reina Sofía en lugar de Las Ventas.